ENTREVISTA A GUILLERMO CURRAS
Guillermo Curras en el XIII Congreso Internacional de Haiku Fundación Internacional Tozai. Embajada de Japón
El haiku es una de las formas poéticas más breves y, al mismo tiempo, una de las más profundas. Nacido en Japón, este género busca capturar instantes de asombro, emoción y contemplación a través de palabras sencillas que revelan la belleza de lo cotidiano.
En Blanca Camelia, Guillermo Currás reúne cien haikus acompañados por elementos visuales inspirados en la tradición artística japonesa, dando forma a una obra que invita a detenerse, observar y redescubrir aquello que suele pasar desapercibido. Detrás de cada poema hay una profunda conexión con la cultura oriental, pero también experiencias personales que dialogan con los temas de la memoria, la naturaleza y la impermanencia.
Conversamos con el autor sobre el origen de Blanca Camelia, los desafíos de escribir haiku en español, las enseñanzas de la tradición japonesa y los proyectos que lo acompañan actualmente.
- En el libro hay una referencia al título “Blanca Camelia” ¿Podrías hablarnos de ella?
Si claro. Es una historia personal. Mi padre y yo compartimos una especie de juego en el que competimos amistosamente. Yo tengo en mi jardín una planta de Camelias rojas y mi padre, una de Camelias blancas. Cada año ambos esperábamos ansiosos para ver cuál de las dos florecía primero para enviarle al otro una foto.
Era un juego inocente que nos unía y conectaba sin darnos cuenta, con la belleza del presente y nos enseñaba sobre el ciclo natural de todas las cosas, lo efímero de la vida, la impermanencia.
Durante la pandemia comencé a escribir el libro de haikus, momento en el que también mi padre nos dejaba.
Llevé su planta de Camelias blancas a mi casa. No podía dejarla sola. Desde ese momento, cuando es época de florecimiento, espero llegar del trabajo y voy directo al jardín para capturar con mis ojos esa foto, mirar hacia el cielo y enviarla.
- ¿Qué inspiración se halla inscripta en un Haiku? ¿Se podrá hablar de disposición interna para su lectura?
La única condición para escribir un haiku es que hayas sentido una profunda emoción por algún suceso, lo que los japoneses denominan “Aware”. Algo que nos impactó hondamente porque está ahí y ha despertado nuestra atención aquí y ahora. El exacto momento donde contemplamos una flor que se desprende de la rama, o una hoja que cae al río en otoño. Porque no se puede inventar un haiku, es algo que ves, que te sucede, algo de lo que fuiste testigo. Y es en ese momento, en el que agradecemos el haber estado presentes para poder escribirlo y compartirlo, porque el camino del haiku (haiku-do) no es algo privado, busca ser compartido, trascender.
- ¿Cuáles fueron los mayores desafíos al escribir Haiku?
El mayor desafío en mi caso, sin duda fue no hablar de mí mismo, no personalizar un haiku. En occidente estamos muy acostumbrados a ponernos en primera persona, en utilizar posesivos al escribir. El haiku no habla de amor o desamor, no somos los protagonistas. Un haiku debe ser sencillo, no un alarde del “yo” del poeta (haijin)
Es más, soy de los que piensan que escribir un Haiku no pertenece al poeta con oficio literario sino más bien a un individuo sensible al mundo. Por eso contestando la pregunta, lo difícil en mi caso, ha sido abandonar el ego.
Guillermo Curras firmando ejemplares de "Blanca Camelia"
-¿Qué opinas sobre el uso de la métrica del Haiku en español y el tipo de traducción que propone Henderson?
Yo estudié en el Instituto Tozai (Oriente y Occidente) donde son muy rigurosos con el respeto a las disciplinas Orientales. El uso de la métrica en el haiku como el uso del Kigo (palabra estación) o el Kireji (corte gramatical) merecen el mismo respeto que las etiquetas en la artes marciales o en la ceremonia del té (Chado) Actividades que también practico desde hace años y que no se me ocurriría jamás cuestionar en su proceder.
En cuanto a lo que propone Henderson sobre el uso de la métrica, puede ser que en otros idiomas se considere cierta flexibilidad por lo complejo de sus alfabetos, pero en castellano mi opinión es que no es necesario. Se puede (y debe) escribir un haiku en nuestro idioma sin faltarle el respeto a la civilización que concibió este género.
-¿Qué poetas influyeron en tu escritura?
Influyeron los clásicos como Matsuo Basho, Yosa Buson, Kobayashi Issa y Masaoka Shiki. Pero también admiro mucho a Taneda Santoka y Ryokan que nos muestran otras maneras de escribir wakas, haikus y poemas zen evadiendo las reglas estrictas y el estilo tradicional.
-¿Cómo fue el proceso de selección de los textos que finalmente integraron la obra?
El proceso de selección lo realizamos con mi profesora de Haiku y literatura Oriental Dra. Stella Maris Acuña, con quien trabajamos durante dos años para selección y diseño de un libro que respete la cultura japonesa. Por esa razón es que pensamos el libro como un objeto artístico; Utilizando tres tipos de arte:
-Haiga (pinturas realizadas con tinta en papel de arroz)
-Shodo (escritura de kanjis realizados por Kazuyo Natsume) para la tapa y divisiones internas del libro y finalmente la poesía de los Haikus.
También que el libro contenga el número de 100 haikus, fue pensado (ya que es un número muy significativo) y el hecho que esté dividido en 3 capítulos y no en 4 que es un número con un significado negativo en Japón.
-¿Hubo poemas que quedaron fuera de la versión final?
Si, siempre quedan poemas que no están en el libro y que quizás formen parte del próximo.
-¿Qué elementos considerás indispensables en un haiku?
Primero mucho tiempo y mucha humildad. Es un aprendizaje largo. El haiku es un entrenamiento de la percepción. Sin un maestro, una persona sensible puede escribir un haiku, pero no sin un conocimiento íntimo de la cultura japonesa, como tampoco se puede llegar a ser un especialista en Aikido, Kyudo o Ikebana. Los japoneses nos han enseñado las fórmulas y hay que transitarlas con respeto y delicadeza.
Luego y como dije antes, si no hay suceso no hay haiku. Es indispensable sentir algo por un suceso que está ahí, en este instante y que nos conmueve profundamente. Intentar escribirlo de forma simple, sin pretensiones. Un haiku debe ser sencillo, fácil de comunicar y fácil de comprender. Abandonar todo protagonismo, y luego s, concentrarse en lo formal de la métrica, el kigo, las estaciones del año, el kireji, los sentidos, los contrastes, etc.
-¿Se puede hablar de errores al intentar componer un Haiku? ¿O los hay más logrados y otros no tanto?
Yo no hablaría de errores, pero si de desconocimiento. Pensemos que hasta Borges escribió haikus de los cuales luego reconoció su desconocimiento en el tema. El autor Vicente Haya en su libro “Aware, iniciación al haiku Japonés” lo denomina “el síndrome Benedetti” donde poetas occidentales que han llegado a cierta reputación, tratan de escribir haikus sin el menor conocimiento previo y resulta que realizan poemas breves.
Escribir haikus en castellano necesita un aprendizaje largo, porque un haiku no puede inventarse, y tampoco debe hablarnos de su autor, su autor debe desaparecer. El haiku no aspira a una belleza literaria, no utiliza metáforas, no enjuicia la realidad. En un haiku no existe el romanticismo ni el erotismo. No es solo lo que entra en la métrica 5-7-5, es mucho más que eso.
-¿Qué pregunta sobre tu libro te gustaría que te hicieran más seguido?
Me gustaría que me pregunten: -¿Cómo leer el libro Blanca Camelia? Y la respuesta sería:- Tenerlo cerca, siempre a mano. En algún lugar visible como la mesa de luz o el escritorio. Cuando lo vea, ábralo en cualquier página al azar y lea el haiku dos veces. (Los haikus suelen repetirse por su brevedad) Retenerlo en la memoria para saborearlo durante el día, sin apuro, tranquilamente. Con suerte lograré que pueda percibir la belleza de algo que me ha emocionado y transmitirlo a otros a los que quizás se les pasa desapercibido y contarlo de manera que aprendan a sentir más.
- ¿En que proyectos literarios estas trabajando actualmente?
Podes contactarte con Guillermo Curras a traves de su Instagram
guillermo.curras o dejando un mail en Guillermocurras@yahoo.com.ar
Mil gracias por este acercamiento al Haiku y a la obra de Guillermo Currás. Su libro está en mi escritorio.
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