viernes, 17 de julio de 2026

 Desobediencia y Creatividad

Desafiar reglas sin romperlas 

 

La historia suele asociar la resistencia con la confrontación y la violencia. Sin embargo, algunas de las desobediencias más memorables nacieron de la creatividad. En 1992, Diego Armando Maradona encontró una forma ingeniosa de eludir una prohibición de la FIFA al participar en un encuentro que, técnicamente, ya no era un partido de fútbol. Más de un siglo antes, Henry David Thoreau había defendido la idea de que frente a una ley injusta el ciudadano debía actuar según su conciencia, sin renunciar a sus principios

 

Desobediencia, segun Thoreu


En 1846, el filósofo estadounidense Henry David Thoreau tomó una decisión que parecía insignificante, pero que terminaría influyendo en algunos de los mayores movimientos sociales de la historia. Se negó a pagar un impuesto destinado a financiar al gobierno de los Estados Unidos, en protesta por la guerra contra México y por la continuidad de la esclavitud. Como consecuencia, fue arrestado y pasó una noche en la cárcel. De aquella experiencia nacería uno de los ensayos políticos más influyentes del siglo XIX: Desobediencia civil.

En ese texto, Thoreau sostuvo que la legitimidad de una ley no depende únicamente de haber sido aprobada por un Estado, sino también de su justicia. Cuando una norma obliga a colaborar con una injusticia, afirmaba, el deber moral del ciudadano no es obedecerla ciegamente, sino negarse a participar en ella de forma pacífica y consciente. La desobediencia civil no buscaba destruir el Estado ni imponer cambios mediante la violencia, sino retirar el consentimiento que permite sostener leyes injustas.

En este ensayo, publicado en 1849, Thoreau planteó una idea revolucionaria: la obediencia a la ley nunca debe estar por encima de la conciencia moral. Sostenía que cuando una norma obliga a una persona a participar, aunque sea indirectamente, de una injusticia, el deber del ciudadano no es obedecer pasivamente, sino retirar su colaboración de forma pacífica. La desobediencia civil no proponía destruir el Estado ni recurrir a la violencia; por el contrario, buscaba demostrar que la autoridad también depende del consentimiento de quienes la obedecen. Décadas más tarde, estas ideas inspirarían a líderes como Mahatma Gandhi y Martin Luther King Jr., quienes demostraron que la resistencia podía ser tan firme como pacífica, y que, en ocasiones, la inteligencia y la convicción moral eran capaces de desafiar al poder con más eficacia que la fuerza.

 

 Once contra doce

 

 

En diciembre de 1992, el exfutbolista Carlos "Búfalo" Funes falleció tras una larga lucha contra el cáncer. Con el objetivo de ayudar económicamente a su familia, un grupo de amigos organizó un partido benéfico en el estadio de Newell's Old Boys. Sin embargo, existía un obstáculo: Diego Armando Maradona se encontraba suspendido por la FIFA, que había advertido que cualquier futbolista federado que disputara un encuentro junto a él podía ser sancionado. Lejos de aceptar la prohibición, Maradona fue contundente: 

"Aunque me sancionen de por vida, voy a jugar." 

Lo que parecía un desafío directo a la máxima autoridad del fútbol terminaría convirtiéndose en una de las muestras más ingeniosas de desobediencia dentro del deporte.

La solución consistió en modificar deliberadamente las reglas fundamentales del encuentro. Un equipo salió a la cancha con doce jugadores, el otro con once, y los saques de banda se realizaron con el pie en lugar de con las manos, alterando dos de los principios básicos establecidos por las Reglas de Juego de la FIFA. Técnicamente, aquello ya no era un partido de fútbol, sino un juego diferente que escapaba al reglamento que pretendía impedir la participación de Maradona. De esa manera, la prohibición quedó sin efecto sin necesidad de romperla.

Más de un siglo después de que Thoreau escribiera sobre la desobediencia civil, aquel partido benéfico demostró que sus ideas podían manifestarse incluso en los lugares más inesperados. Maradona y los demás futbolistas no recurrieron a la violencia ni buscaron enfrentarse físicamente a la autoridad. Cuando les negaron jugar futbol dijieron "Okay, no jugamos futbol" y procedieron a hacer su propio juego, a patear la pelota sin jugar futbol. Comprendieron que las normas están diseñadas para regular situaciones específicas y que, en ocasiones, la forma más eficaz de desafiar una prohibición consiste simplemente en cambiar el juego sobre el que esa prohibición fue escrita.

 

 Las Desobediencias Civiles

 La desobediencia civil no siempre adopta la forma de marchas, huelgas o discursos públicos. En muchas ocasiones, su expresión más efectiva ha sido silenciosa, cotidiana y profundamente creativa. Frente a la censura, la propaganda o las prohibiciones impuestas por distintos regímenes, miles de personas encontraron maneras de preservar ideas, compartir conocimiento y mantener viva la libertad de pensamiento sin recurrir a la violencia.

 

El Monopoly clandestino en la Polonia comunista 

 

Durante la etapa comunista en Polonia, el juego Monopoly era visto con desconfianza por representar los principios del capitalismo, la propiedad privada y la competencia económica. Su distribución oficial fue restringida, pero muchos ciudadanos comenzaron a fabricar versiones caseras utilizando cartón, papel y fichas improvisadas. Más que un simple entretenimiento, jugar Monopoly permitía imaginar un sistema económico completamente distinto al impuesto por el Estado. 

 

Las bibliotecas clandestinas

 

A lo largo del siglo XX, distintas ocupaciones militares y regímenes autoritarios intentaron controlar qué podía leerse y qué debía desaparecer. Para impedir que ciertos libros fueran destruidos o censurados, surgieron bibliotecas clandestinas ocultas en sótanos, viviendas particulares, iglesias e incluso escuelas. Allí se preservaban obras prohibidas que circulaban de mano en mano entre lectores dispuestos a asumir grandes riesgos.

 

Los teatros secretos durante la dictadura chilena

 

Durante la dictadura de Augusto Pinochet, numerosos artistas recurrieron al teatro como una forma de expresar críticas al régimen sin mencionarlo directamente. Las obras estaban repletas de metáforas, simbolismos y dobles sentidos que permitían transmitir mensajes políticos sin ofrecer una acusación explícita que justificara la censura. El público comprendía perfectamente aquello que jamás se decía de forma literal.

 

Radio Free Europe

 

En plena Guerra Fría, millones de personas que vivían detrás del llamado Telón de Acero escuchaban en secreto las transmisiones de Radio Free Europe. Desde fuera del bloque soviético, la emisora difundía noticias, debates y análisis que escapaban al control de la propaganda oficial. Aunque los gobiernos comunistas intentaron interferir sus frecuencias, las emisiones continuaron llegando a innumerables hogares. 

 

El samizdat soviético

 

En la Unión Soviética, miles de ciudadanos respondieron a la censura creando una inmensa red clandestina de reproducción de libros conocida como samizdat. Utilizando máquinas de escribir y papel carbónico, copiaban manualmente novelas, ensayos, poemas y documentos prohibidos, distribuyéndolos luego entre amigos y conocidos para que el proceso volviera a repetirse. Cada ejemplar generaba nuevos ejemplares, formando una cadena imposible de controlar por completo. Sin imprentas oficiales, sin editoriales y sin publicidad, la circulación de ideas sobrevivió gracias a miles de personas comunes que entendieron que copiar un libro podía convertirse en un auténtico acto de desobediencia civil.

 

 

 

Las historias reunidas en este artículo comparten una misma enseñanza. Desde Thoreau negándose a financiar un gobierno que consideraba injusto, hasta quienes copiaban libros prohibidos en la Unión Soviética o escuchaban emisoras clandestinas durante la Guerra Fría, todas muestran que la inteligencia puede abrir caminos allí donde la fuerza solo encuentra obstáculos. La desobediencia civil no consiste únicamente en decir "no"; muchas veces consiste en imaginar una respuesta que el poder jamás había previsto. Porque, en ocasiones, la forma más eficaz de cambiar la historia no es romper las reglas, o recurrir a la violencia, sino cambiar el juego...
...o no participar en el mismo.




 

 

 

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